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El espíritu del cartel en la gestión | Lógicas colectivas | Cuatro+Uno
LÓGICAS COLECTIVAS

El espíritu del cartel en la gestión
Daniel Millas

 

Con este título voy a referirme a los efectos de formación que se producen en el ejercicio de la gestión en la Escuela. Lo haré a partir de la experiencia realizada al ocupar, en diferentes momentos, las funciones de Secretario de Carteles y de Director de la EOL.

En el año 2008 asumí el cargo de Secretario de Carteles. La tarea más importante que se nos presentaba en la Secretaría en aquél momento, consistía en renovar el interés por el cartel, que en los últimos años evidenciaba una cierta declinación.

No se trataba solo de un fenómeno local, sino que daba cuenta de un problema que desde hacía bastante tiempo afectaba también a otras Escuelas de la AMP.

J.- A. Miller en una intervención en la Escuela de la Causa Freudiana, en las Jornadas de Carteles de 1994, ya señalaba que la gran convocatoria al trabajo de carteles que realizara Lacan con la creación de la Escuela fue decayendo, y planteó entonces si había que insistir con más de lo mismo, o buscar alguna alternativa coherente con los cambios que se fueron dando con el transcurso del tiempo.

Teniendo en cuenta el contexto en el que me tocaba llevar adelante la convocatoria de carteles, consideré oportuno ofrecer una modalidad del cartel que permitiera aumentar el número de sus integrantes para facilitar la constitución de nuevas formaciones. De este modo, en una reunión con Eric Laurent, en ese momento Delegado General de la AMP, propuse la creación de los "carteles ampliados", es decir, constituidos por un número de participantes mayor al del cartel clásico. La apuesta consistía en que esta alternativa estimulara la inscripción de grupos y equipos de trabajo que realizaban tareas en diferentes ámbitos institucionales, como así también, la posibilidad de constituir carteles abocados a la participación en las Jornadas de Carteles, Encuentros Americanos y otros eventos de la AMP. No sólo contamos con su apoyo a esta idea, sino que nos propuso a su vez, admitir carteles con una duración menor a la de dos años. Surgieron así los "carteles fulgurantes", que con una duración de tres a seis meses, estarían destinados a trabajar un tema específico, participar en alguno de los eventos citados y luego disolverse. Pasamos entonces a contar con los carteles ampliados y fulgurantes, que se sumaron a los clásicos "cuatro más uno". Los resultados fueron más que favorables. En poco tiempo se constituyeron alrededor de cuarenta carteles ampliados y las Jornadas de Nacionales de Carteles contaron con una importante convocatoria tanto en la presentación de trabajos como en el número de asistentes a la misma. También comprobamos luego de un tiempo, que los carteles ampliados y fulgurantes fueron adoptados en varias Escuelas, en la NEL y en la ELP, etc.

El primer cartel ampliado que se formó en la EOL fue el que armamos con la Secretaría de Carteles. Les propuse a mis colegas que no limitáramos la gestión a una tarea de organización, sino que constituyéndonos como un cartel, cada uno formulara un tema de investigación y presentara luego sus resultados en las Jornadas Nacionales de Carteles.

En el estudio de mi tema, encontré con sorpresa un testimonio acerca de la existencia de un cartel ampliado que había funcionado hace cincuenta años. Se trataba de un cartel muy especial ya que fue aquél que permitió la entrada como miembro de la Escuela Freudiana de París nada menos que a Jacques Alain Miller. En una intervención en el Primer Seminario del Campo Freudiano en Andalucía el 28 de octubre de 1990[1], Miller señala que en 1964, formó parte de un gran cartel de 12 integrantes. Comenta que ellos fueron los únicos que respondieron a la propuesta formulada por Lacan en aquél momento, en relación a que la entrada a la Escuela no fuera uno por uno, sino en carteles que declararan un trabajo a realizar. Fue a través del trabajo producido en este cartel ampliado que Miller obtuvo su condición de miembro de la Escuela.

La función de Secretario de Carteles me permitió constatar que la gestión no sólo es compatible con un trabajo de formación, sino que efectivamente lo causa.

Cuando en el año 2012 asumí como Director de la EOL, me serví de mi experiencia anterior y busqué coordinar la tarea del Directorio tratando de sostener "el espíritu del cartel" en la gestión.

Me refiero al "espíritu" entendido en los términos que nos propone Lacan, cuando hace converger la espiritualidad y el chiste al referirse al término "trait d´esprit", en su seminario Las Formaciones del Inconsciente[2]. Es decir, a un uso particular del significante ligado a una satisfacción específica, a un plus de goce que se nutre de la relación con el Otro y del lazo social. En un sentido más amplio, el espíritu del que se trata nos remite a una práctica, a una experiencia a través de la cual se operan transformaciones subjetivas.

Como decía antes, había entendido que la gestión en la Escuela, así como el cartel y la formación analítica misma responden a una condición común: necesitan contar con una apuesta fuerte y decidida. Para hacerla hace falta un investimento libidinal; aquél que empuja el trabajo y determina escansiones que producen consecuencias. En el Directorio, esta experiencia la vivimos intensamente en numerosas oportunidades. Entre otras, en la preparación de las Noches del Directorio. La elección del tema, la construcción del problema que proponíamos a la Escuela para estudiar y discutir, la elección de los invitados, la conversación con el público; en fin, todo ese trabajo, lo realizamos en un clima de intercambio y de propuestas individuales que luego encontraron la ocasión de ser desarrolladas por cada uno de nosotros. Las noches de la Escuela, que desde hacía varios años también habían perdido poder de convocatoria, hallaron un impulso renovado.

Es una satisfacción muy especial encontrar que la elaboración de una propuesta opera como un disparador que incide en la fuerte transferencia de trabajo que habita la Escuela. Entiendo que este es el buen modo de pensar la gestión, es decir, como aquella función que viene a propiciar la potencia creadora de esa alteridad que nos anima en tanto comunidad de trabajo. Me parece una cuestión a destacar, porque la gestión, así como el cartel o cualquier otro dispositivo de formación, no está exenta del riesgo de devenir un mero ejercicio burocrático y de reducir su acción a una serie de enunciados vacíos despojados del deseo.

Por esta razón puede afirmarse que la experiencia en la gestión sólo logra realizarse como tal si deja alguna marca o algún efecto de formación en quien la atraviesa.

Sabemos que la gestión debe velar porque lo institucional quede al servicio de la Escuela en lo que constituye su misión más importante, formar analistas y transmitir el psicoanálisis de la Orientación Lacaniana. Si la Escuela se diferencia de una asociación de profesionales es porque admite la insistencia de un real que desborda el saber establecido. Por eso mismo, la formación que dispensa la Escuela no se rige por un programa y reduce a un delirio la ambición de prescribir como se forma una analista.

La formación analítica es fundamentalmente una experiencia libidinal, abierta a lo nuevo y a la contingencia de los encuentros. Por eso mismo, la formación registra discontinuidades determinadas por acontecimientos imprevistos que dejan huellas y un saldo de saber que no es generalizable. De esta manera, y sólo porque hay Escuela, es posible pensar la formación como un síntoma, es decir, anudando lo singular y lo colectivo, lo epistémico y lo libidinal. Este recorrido no cesa y deviene estilo para cada uno de sus miembros.

Pensar entonces la gestión animada por lo que llamé el "espíritu del cartel" implica aceptar que sólo podrá ejercerse como conviene, valiéndose del estilo de aquellos que tienen la valiosa oportunidad de llevarla a cabo. Por qué no decir entonces que el "espíritu del cartel" se manifiesta como "estilo en la gestión".


NOTAS

  1. Miller, J.- A; "La Escuela y su psicoanalista" en Introducción a la Clínica Lacaniana, Barcelona, Edit. RBA Libros, 2006, p. 256.
  2. J. Lacan, J; El seminario, Libro V, Las Formaciones del Inconsciente. Buenos Aires, Paidós, 1999, p. 21.